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[ROL SHONEN AI-YAOI // INTERNADO PARA VARONES]

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    Andrezej Sapkowski.

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    Andrezej Sapkowski
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    Mensajes : 44

    Andrezej Sapkowski.

    Mensaje por Andrezej Sapkowski el Lun Oct 15, 2012 1:57 pm

    Nombre: Andrezej Sapkowski.

    Raza: Humano.

    Edad: 17

    Curso al que pertenece: Tercer curso.

    Uke/Suke/Seme: Uke.

    Descripción física:

    Físicamente, podría decirse que Andrezej es un chico que pasaría perfectamente desapercibido entre cualquier multitud de otros jóvenes de su edad. De constitución delgada y rasgos muy ordinarios, no podría señalarse tampoco como alguien muy agraciado.
    Tez pálida, cabellos castaños y lacios que él mismo está acostumbrado a recortarse, ojos oscuros y rasgados, y un par de orejas saltonas que suelen asomar de entre sus mechones y que, en cierta forma, son lo único que consigue romper con el aura macilenta que lo envuelve.

    Spoiler:

    Descripción psicológica:

    Por lo que hace a su persona, Andrezej es, sin duda, un joven de lo más complejo.
    De carácter más bien solitario, introvertido y verdaderamente reflexivo, es alguien que desde muy pequeño ha tenido que hacer frente, tanto a las peores realidades externas como a sus propios monstruos internos, a solas y valiéndose de sus rudimentarias armas.
    Con el tiempo, pues, ha tenido que ir construyéndose unos pilares propios a los que aferrarse para sobrevivir, ya no solo en el sentido más literal; sino también como alma consciente, como identidad. Y en ese continuo librar de una batalla a dos frentes, ha aprendido a hacer un uso inteligente de sus sentidos, especialmente de su capacidad de observación y análisis, y en consecuencia, de su intuición.
    Pero en contraposición a ese joven distante, atento y calculador dominado por el instinto de la supervivencia; existe también aquel otro chico sensible que, movido, a la vez, por las más humanas necesidades, busca la evasión y sucumbe, a menudo y sin aviso, ante los pocos sueños y esperanzas que le quedan.
    Así pues, a pesar de esa imperante desconfianza y esa tan acusada antisociabilidad que lo caracterizan, a pesar de que a menudo el muchacho se muestra un tanto terco o demasiado enfadadizo; no hay en realidad nada que desee más que aquello que casi nunca ha tenido: el reconocimiento y la compañía sincera de alguien o el cariño de otros. Y cuando ese otro resquicio de su personalidad decide asomar a la superficie, toda arma de ingenio, toda armadura alzada a base de años y años de mucho esfuerzo, se vuelve incapaz de contener el resurgimiento de aquella inocencia que durante su infancia le fue robada.
    Finalmente, a camino entre su “yo” más serio y cauteloso y ese otro lado más intuitivo, ganan cada vez más terreno las sombras que se debaten en su agitado interior. Y es precisamente cuando ese pozo de oscuridad (de dolor, de rabia, de odio, de impotencia, de angustia contenidos) está demasiado lleno y cuando se ve enfrentado a una situación que sobrepasa en demasiado sus límites, que toda razón pierde el control en sus manos a favor de la incontenible liberación de la agresividad.
    No hay nada que le lo aterrorice más que llegar a desaparecer, que llegar a perder lo único que le queda: la consciencia de sí mismo y de su propia existencia.

    Gustos y desagrados:

    Andrezej es un gran apasionado de la historia y la literatura de la Europa occidental en las que se evadió durante los largos años de encarcelamiento e internamiento en la escuela alemana; pero la nostalgia hacia su verdadera tierra natal hace que a menudo le sea imposible evitar idealizar todo cuanto contenga alguno de los pocos rasgos que aún perduran en su memoria de Polonia – encarnación, para él, de todo lo querido y perdido -. En relación a estos pocos recuerdos que conserva de su corta infancia en Warsaw (su ciudad natal), tiene, pues, un gran apego a algunos elementos e imágenes de gran simbolismo para él: el olor y el sabor de la cereza, los pastelillos dulces de frutas hervidas, las callejuelas tortuosas y empedradas del centro histórico, una ventana pintada de azul, cierta melodía de piano cuyo nombre formal es incapaz de recordar y que solo es capaz de tararear, y la nieve… Por encima de todo, los inviernos nevados.
    Es también un gran amante de las artes, y aunque a escondidas, hubo un tiempo en el que se recluía también en la música – toca el violín - y en el garabateo de dibujos para proteger a su mente y sus recuerdos del avance de las sombras.

    ¿Valores de su aprobación? Aquellos que, al menos hasta el momento, apenas nunca ha visto materializados en la vida real: la amabilidad, la solidaridad, el reconocimiento del esfuerzo, la legalidad, la fidelidad, la amistad, el respeto y comprensión, la compasión…
    ¿Aquello que más odia y condena desde lo más hondo de su alma? En definitiva, lo opuesto: el egoísmo, la injusticia, la mentira, el cinismo, la crueldad, el abuso…

    Habilidades y debilidades:

    Su carácter (en gran parte introvertido), las muchas duras experiencias vividas hasta el momento y su reclusión en los libros como medio de evasión, han hecho de Andrezej un muchacho muy inteligente para su edad; así como también de una fortaleza y resistencia (físicas y mentales) notables.
    La oscura mochila de experiencias con la que carga a sus espaldas y el hecho de haber carecido, a lo largo de la mayor parte de su niñez y adolescencia, de figuras cercanas que le sirvieran de modelo positivo en el afrontar la vida, no obstante, han hecho mella en él psicológicamente hablando. Es por ello que su extrema sensibilidad tanto puede serle un aliado, como un peligroso enemigo. Y en situaciones extremas, corre el riesgo de perder el control de su propia racionalidad y verse dominado por la agresividad.

    Historia:

    Andrezej pasó los primeros seis años de su infancia en Warsaw, su tierra natal, pero ese pedazo de su vida es apenas un recoveco de sombras e imágenes diluidas y escurridizas en su memoria. Ya hace demasiado que la oscuridad, su oscuridad, comenzó a invadir, puerta por puerta, cada una de las estancias que guardaban sus más preciados recuerdos, y desde entonces, impotente ante su avance, no ha podido hacer más que luchar por aferrarse a aquellas pocas imágenes que le quedan y esconderlas a salvo en lo más profundo de su mente.
    El rostro cada vez más difuso de su madre y aquellos cabellos negros e interminables que se mecían con el vaivén de su cuerpo al son de la melodía del piano; las cuatro paredes verdes de aquel pequeño apartamento que olía a cereza; y su voz suave, monótona, que le daba las buenas noches con un cuento y le prometía que cuando despertara al llegar la mañana ella ya habría vuelto y estaría dormida a su lado… Todos ellos son sus tesoros. Recuerdos que se esforzó en evocar día tras día, noche tras noche, en mitad del infierno que después lo abrazaría, con la esperanza de no olvidar quién era ni de dónde venía; de no olvidarla a ella.
    ¿Miedo? Sí, hubo un tiempo en el que tuvo mucho miedo; en el que el terror a desvanecerse, a que la oscuridad de cuanto lo rodeaba lo engullera y le arrebatase lo poco que le quedaba, se convirtió en su desagradable y persistente compañero. Y esos días, esos escabrosos años, sí se han cavado un hondo agujero en su mente.

    Todo comenzó el día en que Él apareció. Aún recuerda la primera vez que aquel hombre de actitud desafiante y altiva entró en la única estancia del que era su pequeño santuario, su pequeño apartamento. Su imagen se quedó gravada en la retina de sus ojos ya desde ese primer momento; pues era la primera vez que su madre dejaba que un cliente de “el trabajo”, como solía llamarlo, entrara en su casa.
    La expresión fría de sus facciones extranjeras, la mirada helada y azul con que lo atravesó y pareció proclamar que le resultaría un estorbo; la elegancia y sobriedad de sus ropas oscuras, y los lustrosos mocasines con que pisoteó sin cuidado la vieja alfombra floral; la sonrisa ladeada con la que consiguió hacerlo retroceder en su intento de llegarse hasta su madre… Ya entonces, aquel a quien pronto debería llamar her Von Elrich le causó pavor. Y no tardaría mucho en descubrir hasta qué punto su inexperta intuición había acertado al alarmarlo.
    Aquella noche, por primera vez su madre lo obligó a regresar a la cama sin siquiera acompañarlo hasta ella, para poder quedarse a solas con el invasor desconocido. Y muy pronto, un día como cualquier otro, lo sentó sobre su regazo y le dio la noticia. Irían a vivir a Alemania, a nada más y nada menos que la capital berlinesa, bajo la protección de aquel al que se refería como a un amable “amigo”.
    Por entonces, obviamente, él no comprendió nada. No pudo comprender por qué debían abandonar su, sí pequeño, pero al fin y al cabo acogedor rincón; no comprendió tampoco por qué tenían que marcharse de Warsaw, y mucho menos aún, por qué su madre debía seguir entonces a aquel señor forastero de cabellos rubios hasta una ciudad y una tierra desconocidas. Pero con el tiempo, Andrezej entendería que la mujer, aún inocente entonces a todo lo que vendría después, había tomado la difícil decisión a la desesperada y con ninguna otra esperanza que la de poder darle a él, su hijo, una mejor vida que la que podía ofrecerle en su ciudad de origen.
    Si ella lo hubiera sabido…
    Los meses que seguirían a aquel largo viaje, su primer largo viaje, serían solo un preámbulo del verdadero destino que les esperaba en manos del “bueno” de Elrich.
    En aquella ciudad hacía frío, siempre hacía frío. Encerrados tras las cuatro paredes de la habitación de un viejo hotel de Berlín este, al margen de toda legalidad, como dos manchas que debían ser invisibles, inexistentes, a los ojos del resto de berlineses para garantía de la excelente reputación del hombre frente a sus allegadas élites financieras y su perfecta familia (hijos y esposa), él y su madre sentían el correr de las horas, de los días, de las semanas, encarcelados en aquel polvoriento cubículo enmoquetado. Días de lluvia, de nieve y de sol… Todos ellos cobrarían un mismo color desde aquel lado de los cristales, casi del igual modo en que le ocurriría después en aquel otro tétrico lugar. Él venía al caer la noche, lo arrastraba y lo encerraba en el baño para que no resultara un estorbo en sus intenciones para con su madre, y, unas horas o un día después, cuando ya se había marchado, la mujer regresaba para abrirle la puerta, con los ojos llorosos, y lo abrazaba muy fuerte durante otras horas más. Aquella sería la única realidad para ellos por un año, tal vez un poco más; hasta que una noche la oyó alzar la voz desde aquel lado de la puerta del aseo, y en consecuencia, Elrich comenzó a dar muestra de su gran habilidad para mover los hilos de la escena. Todo se desencadenó con una velocidad vertiginosa.
    La mujer de la que es incapaz de recordar el nombre había implorado que no dejara que su hijo debiera estar allí encerrado con ella más tiempo; él debía cumplir con su parte del trato y dar al chiquillo aquello que ella no podía: Andrezej debía ir a la escuela, debía estar y crecer con otros chicos. Y Andrezej tuvo lo acordado, e iría a la escuela…
    Elrich se encargó de hacer uso entonces de sus buenos contactos e influencias para internar al niño sin nombre ni procedencia en uno de los más prestigiosos colegios de las afueras de la capital bajo una identidad falsa. Y con ello dio comienzo al inicio de aquella pesadilla… Y es que si bien Bringstor era conocido a nivel europeo por los excelentes estudiantes que formaba y reformaba, lo era también tanto o más por sus conocidos estrictos, extremistas y, a veces, poco ortodoxos métodos de enseñanza.

    Encerrado entre las paredes de aquel lúgubre lugar en el que nunca llegaría a ser más que escoria para el resto de sus arios compañeros; despojado de su nombre, alejado de su madre y de lo único que le quedaba de su hogar; sujeto a un estricto régimen de internamiento que el mismo Elrich se encargaría de extender a través de sus contactos al máximo para que el chico no debiera pisar el hotel más que durante una o dos semanas al año… Andrezej creció comprobando cuán dura podía llegar a ser la mano de la educación y cuán extremas, las armas de sus profesores.
    Debió buscar armas donde no las tenía para hacer frente al voraz avance de la destrucción de las sombras; pero aun y con toda esa lucha, vio caer y sucumbir una a una las puertas de su mente.
    Pronto en su interior no quedó más alma que el eco de su propio sufrimiento y su progresiva anulación. Luego, la angustia y la resignación dejaron paso a la frialdad, pero también a la ira, y, sin saberlo, antes de que pudiera darse cuenta, la agresividad comenzó a aparecérsele como un fantasma al que a menudo no pudiera controlar.
    En aquella prisión y refugiado en su propia soledad, se movía, pues, como un peón allí donde dictaban unas órdenes; y tan pronto repetía un problema de matemáticas eternamente hasta que obtenía el resultado dictado, como bajaba la cabeza para recibir los arañazos de la fusta con fría impasibilidad. Pero cuando la oscuridad se había intensificado lo suficiente y los ecos de su desgraciada existencia volvían a retumbar insoportablemente en su cabeza, cuando todo ello se volvía demasiado pesado, entonces actuaba, y ni siquiera él mismo podía gobernarse.

    Cuando tenía 17 años, una mañana durante el descanso de 20 minutos, un chico del curso superior llamado Hans elevó en medio del claustro un comentario ácido que quería insinuar cosas obscenas con el nombre de cierto profesor y el de Andrezej. Aquel día precisamente había tenido que aguantar las reprimendas del mismo profesor y aún apretaba los dientes por acallar el escozor que envolvía los dedos de su mano izquierda. Su pozo de oscuridad estaba lleno; no cabía ni una sola gota más.
    Se necesitaron a tres profesores para arrancar al polaco de encima del desdichado Hans. Cegado por la ira, el muchacho le había golpeado el rostro con su diccionario de latín hasta que su camisa blanca se había visto cubierta de rojo y le había roto la nariz y la mandíbula. La ambulancia llegó a tiempo por muy poco y se llevó a la jadeante víctima con las sirenas resonando. A él lo arrastraron hasta el bastidor del poli deportivo, escaleras abajo, aún cegado por sus propios ecos.
    Aquella tarde las clases de álgebra, historia y lengua fueron acompañadas de los gritos que provenían del piso de abajo. Un incidente no tan extraño entre los muros de aquella institución que, en principio, a las dos semanas hubiera permitido a Andrezej reincorporarse a las clases con total normalidad; pero aquella vez las cosas fueron de forma distinta…

    Tan solo un par de días antes del alzamiento de su castigo, Andrezej recibió, por primera vez en los diez años que llevaba en aquel lugar, una visita de lo más inesperada.
    Elrich y dos hombres trajeados irrumpieron en su habitación, y a un gesto de la cabeza del primero, aquellos “armarios andantes” se llegaron con un par de zancadas hasta donde se encontraba el atónito muchacho y lo arrancaron del escritorio en el que estaba haciendo sus ejercicios de Historia.

    - ¿…Qué hacen? ¿Qué hace aquí? ¡Suéltenme! – Inquirió el chico, forcejeando.

    - Nos vamos. He encontrado un mejor lugar para ti y a alguien dispuesto a pagarme incluso por ello. - Contestó el hombre con total impasibilidad, sin hacer siquiera ademán de mirarle a la cara.

    - ¡¿Qué?! ¡¿Está usted loco?! ¡No puede hacer eso! ¡No puede dar un paso sin el consentimiento de mi madre, mi tutora! Y ella nunca… Ella espera que estudie. Ni siquiera hemos hecho los exámenes de este… - Mas antes de que pudiera siquiera acabar de reclamar, ante una ínfima señal de su “estimado amigo” uno de los hombres que lo tenía sujeto le cruzó la cara con el revés de la mano y el sabor de la sangre lo obligó a morderse la lengua.

    - ¿Es que no lo entiendes? ¿No jodas que aún no lo has entendido…? – Se mofó Elrich, molestándose entonces sí a atravesar con su mirada helada los ojos del joven. - ¿Tu tutora, dices? Chico, ni tú… Ni ella, existís. Sois fantasmas. Y los fantasmas, alguien que ni siquiera existe, no tiene tutores, ni ley, ni derechos, ni mucho menos voluntad… Ni siquiera tenéis un nombre. Nadie sabrá que has estado aquí, del mismo modo en que nadie sabrá de tu próximo destino. Además… - La cínica sonrisa del hombre se acrecentó por momentos cuando aquel se acercó hasta él y convirtió su voz en un murmuro. – Poco puede decir ya tu madre. Los muertos que no existen, aún pueden hablar menos que los muertos, incluso, comunes, ¿no?

    Lo último que recuerda después de aquellas palabras es que se volvió loco. Que incluso a sus apresadores les costó mantenerlo alejado de aquel a quien de buena gana hubiera destrozado el rostro si hubiera podido, aunque hubiera sido con sus propias manos y dientes; que en mitad de aquella desesperación y dolor desbordantes, lo arrastraron hasta el coche azul marino que los esperaba en las puertas del complejo… Que los mismos que lo habían encerrado diez años atrás allí, lo “rescataban” aquella vez para llevárselo para siempre, para llevarlo al lugar cuyo nombre Elrich pronunció casi con deleito: Hayate School.

    - Tienen una adecuada plaza para ti en ese endemoniado centro, chico. Ya verás… Seguro que al fin consigues sentirte como en casa entre tanto bicho raro, kleinungeheuer.

    Aquellas fueron las últimas palabras que escuchó de la boca del cínico abogado. Aquel había ganado, había logrado que no le quedara NADA. Y mientras la imponente forma de su nuevo lugar de destino se dibujaba al otro lado de la ventanilla del vehículo, él no podía dejar de repetirse en su cabeza: “kleinungeheuer, kleinungeheuer, kleinungeheuer…”, que en alemán significa “pequeño monstruo”.

    Procedencia del personaje: Original.

    Frases claves:
    1. Todos los hombres se muestran afectados en cierto grado ante la presencia del mundo, algunos incluso para su propio deleite. Ese amor por la belleza se denomina Gusto. Otros abrigan ese mismo amor en tal grado que, no satisfechos con recrearse en él, persiguen encarnarlo en nuevas formas. A esa creación de la belleza se le llama Arte.
    2. Enamorarse es evadir con picardía la realidad, te crees dueño del mundo y justo cuando tienes a la persona amada a tu lado, eres tan feliz que se te olvida que no eres dueño de nada.
    3. Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar.


    Última edición por Andrezej Sapkowski el Mar Oct 16, 2012 7:35 am, editado 1 vez
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    Shima Hamada
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    Re: Andrezej Sapkowski.

    Mensaje por Shima Hamada el Mar Oct 16, 2012 12:18 am

    Para subir tu imagen debes primero cargar esta a una web, como photobucket o zerochan, por ejemplo; siendo el caso de la primera esta te dá una serie de links para mostrar la imagen de acuerdo sea el caso, al publicarla aquí debes copiar el IMG code, que sería:

    [IMG*]http://illiweb.com/fa/pbucket.gif[/IMG] -sin el asterisco- y te queda la imagen ya lista.
    Spoiler:

    Para colocar tu imagen en Spoiler sombreas el link o seríe de palabras que quieras ocultar y en la barra de herramientas al escribir tu post le das al botón "Otros ► Spoiler", o simplemente escribes [spoiler*] [*/spoiler] al principio y fin respectivamente -de nuevo, sin los asteriscos-

    En el caso de paginas como zerochan, no te sale el IMG code sino el Direct link, en ese caso solo copia y pega ese, quedando:

    http://www.zerochan.net/1301228

    Intentalo, y cualquier cosa me escribes de nuevo por acá o me mandas un MP y te ayudaré ^^


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    Andrezej Sapkowski
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    Re: Andrezej Sapkowski.

    Mensaje por Andrezej Sapkowski el Mar Oct 16, 2012 1:03 am

    Gracias, Shima. Esta misma noche, en cuanto tenga otro ratillo libre lo intentaré. :)
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    Shima Hamada
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    Re: Andrezej Sapkowski.

    Mensaje por Shima Hamada el Mar Oct 16, 2012 2:37 pm


    Bienvenido al foro~
    Pasa a firmar el registro de personajes ocupados y en seguida te doy tu color ^^


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